Desde 1970 sirviendo el mejor café de Maside.

Lugar de encuentro para jóvenes y adultos, en donde podrás disfrutar y degustar todo tipo de copas y bebidas.

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CURIOSIADES HISTÓRICAS DEL CAFÉ

Según cuenta la leyenda, un pastor de Abisinia llamado Kaldi advirtió que sus cabras se volvían juguetonas tras haber ingerido los frutos de ciertos arbustos. El pastor se lo mencionó al abad de un monasterio cercano, quien hirvió los granos y descubrió que el licor resultante producía un doble efecto sobre él y sus monjes: les despejaba la mente y les mantenía despiertos durante sus largas vigilias. La noticia se difundió rápidamente y el café pasó a formar parte de la medicina árabe.


Cuenta la leyenda que encontrándose Mahoma conturbado por tantas preocupaciones como le asaltaban, Alá –compadecido por el estado de ánimo de su profeta- le envió un remedio ‘oscuro como la misma piedra negra de la Kaaba’. Esta infusión produjo en el ánimo de Mahoma un efecto tan vivificador, que pasó a conocerse con el término de “gahwa”, que en árabe significa ‘energético, excitante y vigorizador’, cualidades que siguen caracterizando al café de nuestros días.


En la sociedad turca del siglo XVII, el café tenía gran importancia. La vida social se hacía en torno a las cafeterías y en la corte del sultán había grandes especialistas en la preparación del café. La demanda superaba a la oferta y el arraigo fue tal que los turcos prometían a sus futuras esposas que nunca les faltaría café. De hecho, negárselo durante el matrimonio significaba prácticamente una petición de divorcio.


En 1683, finalizado el sitio de Viena, los turcos retrocedieron derrotados, abandonando en el campo de batalla una gran cantidad de café. Fue entonces cuando los austríacos aprendieron a degustar la perfumada bebida y empezaron a abrir las primeras cafeterías, donde el café se servía acompañado por unos dulces en forma de media luna, llamados “Kiftel”, para celebrar la victoria sobre los turcos invasores.


Cuando el emperador de Brasil quiso cultivar café en su territorio, los franceses prohibieron en sus colonias la exportación de plantas y semillas. El monarca brasileño envió a su embajador Francisco de Melho Palheta a la Guayana para intentar romper ese veto. Aunque el fracaso de la negociación fue rotundo, su encanto personal consiguió cautivar a la mujer del gobernador. Así, cuando se disponía a partir sin haber conseguido su propósito, recibió un gran ramo de flores. En su centro, bien oculta y junto a una nota de la esposa del gobernador, encontró una hermosa planta de café.


Se cuenta que, en cierta ocasión, en el célebre Café Procope de París –ligado a la historia de Francia por su vinculación con episodios revolucionarios artísticos y literarios- un joven militar corso –entonces casi desconocido- tuvo que dejar su sombreo en prenda como fianza al carecer de los centavos suficientes para pagar el café que se había tomado. Cuando años más tarde se convirtió en emperador, Napoleón Bonaparte llegó a tomar más de veinte tazas diarias de café.